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El amor que me salva
Él es mi fuerza, mi poder, mi alcázar, mi salvación.


Por: P. Fernando Pascual, LC | Fuente: Catholic.net



Sé que Dios es amor. Estoy seguro de que me ama. Puedo decirlo, puedo explicarlo a otros. Pero necesito experimentarlo en mi propia carne, ante mis pecados.

Porque los pecados, que ofenden a Dios y dañan el amor a los hermanos, también generan desaliento, al constatar nuestra fragilidad ante las acometidas del mal.

Sentir, entonces, la mirada de Cristo, nos alivia. Vino al mundo por amor. Aceptó la muerte por amor. Resucitó por amor. Y nos acompaña a lo largo de los siglos por amor.

La experiencia de Su amor se concreta en la misericordia para los que somos pecadores. Conoce nuestra historia personal, nuestros momentos mejores y aquellos en los que dejamos triunfar el egoísmo.

Precisamente porque nos conoce, Su amor llega a cada uno de un modo concreto, único. Y así podemos levantarnos, podemos volver a empezar un día y otro y otro.



Como repite el Papa, Dios no se cansa de perdonar, pero a veces nosotros nos cansamos de pedir perdón.

Pero al descubrir que somos importantes a Dios, al ver que casi mendiga nuestro arrepentimiento como si fuera más para el bien suyo que para el bien nuestro, podemos salir de nuestro abatimiento y empezar el camino de la conversión.

Dios me ofrece un amor que me salva. Desde ese amor, afrontaré este día con más esperanza, con más energía, con más humildad. Como leo en la Biblia, Él es mi fuerza, mi poder, mi alcázar, mi salvación, mi Dios y mi Señor...







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