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«Una luz en la noche»
Yo estaba dinamitando la vida que Dios me regaló...


Por: Jerónimo Expósito | Fuente: Catholic.net



Esa noche, una vez más, me fui a acostar a mi cama. Una vez más, inquieto, fastidiado con mis cosas, con el rumbo de mi vida.

De repente, una luz afuera me llamó la atención y salí al parque. Me quedé sin aliento. Jesús, coronado de una brillante luz, me llamaba con un gesto fraternal... No entendía nada!! Al acercarme lentamente, unas imágenes se iban dibujando detrás de Él. Al llegar a Su lado, me mostró esas imágenes, ahora muy nítidas. Por una lado, me veía viviendo mi vida solo. Llenándome de placeres, pero acostándome solo cada noche. Haciendo lo que quisiera, a cualquier hora, pero teniendo horarios para poder estar con mis hijos. Usando mi dinero para lo que quisiera, pero eran sólo para sueños míos, solamente. Cuando Jesús vió que empezaban a correr las lágrimas por mis ojos. Me tocó el hombro, llamando mi atención y me hizo ver la otra imagen. En ella me podía ver compartiendo mi vida con mis hijos, me veía acompañado en mi cama cada noche con mi esposa, me veía construyendo nuestro destino junto a las personas que Dios mismo puso en mi camino (por alguna razón, aunque no la entendiera). Entonces, ya con mi rostro humedecido por las lágrimas, le dije:

- Mi Señor! Es tan difícil! Este camino estrecho me resulta insoportable. Decime, por favor, cómo hacer para lograrlo! Dame una receta, explicame...

Jesús sólo me miró tiernamente y me extendió Su mano. Esa mano atravesada por nuestros pecados. Esa mano atravesada por el clavo que sus verdugos usaron para suspenderlo de la Santa Cruz. Temblando, pude tomarme de su mano. Y pude darme cuanta cuán egoísta había sido en no querer crucificar mi orgullo, mis propios deseos. Sólo me dijo:

-Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida.



Lo entendí todo. Yo estaba dinamitando la vida que Dios me regaló (y me regala cada día) para hacerla "mía". Para construirme un castillo de arena en la orilla del mar. Tan diáfano soy. Tan vulnerable y herido soy, que no lo veía... Cristo mismo, siendo Dios, se había dejado escupir, insultar y torturar. Y aún así, seguía "destilando" amor... Y yo, que soy barro, me ensalzo en mi propio egoísmo, dejando al diablo actuar en mí. Qué duro que fui... Cuán arrogante...

Cuando quise decirle "gracias"... desperté en mi cama. Estaba amaneciendo. Pude ver a mi esposa dormida aún al lado mío. Me levanté, y estuve mirando a mis hijos mientras dormían.

Ese día no fui a trabajar. Me puse a prepararles el desayuno a todos ellos. Esperando que se despierten para poder compartir los días que Dios me seguía regalando.

No pude decirle "gracias" a Jesús en mi sueño. Pero, desde ese día, lo hago cada día...

Que Jesús sea el Camino, la Verdad y la Vida. ¡Tiene preparadas grandes cosas para vos!



¡Dios te bendiga!







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