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Todos en casa ¿y las peleas entre hermanos?
Debemos establecer reglas básicas para la sana convivencia familiar.


Por: Silvia del Valle | Fuente: Catholic.net



En estos tiempos que nos han tocado vivir, donde debemos mantenernos guardados en casa, nos damos cuenta que la convivencia familiar se vuelve un tema vital y muy difícil de sobrellevar.

El encierro nos hace más irritables y el estar todos juntos, todo el tiempo, genera sentimientos difíciles de procesar por que no tenemos tiempo de aislarnos un poco para poner en orden nuestros sentimientos.

Los pleitos entre hermanos se pueden hacer más comunes y más profundos, es por esto hoy te dejo mis 5Tips para evitar los pleitos entre hermanos y solucionar los que ya existen.

PRIMERO.  Si ya están peleados, que sean humildes y ofrezcan disculpas.
Muchas veces los pleitos se hacen más profundos porque ninguno quiere dar su brazo a torcer y aceptar que se equivocó.

Esto requiere de humildad para aceptar los errores y tambien humildad para aceptar las disculpas.



Podemos educar a nuestros hijos para que no les cueste trabajo ofrecer disculpas y otorgar el perdón. Para esto podemos hacer pequeños ejercicios de virtud a lo largo del día.

Y también, si son pequeños, debemos ayudarles y dirigirlos en este proceso ya que nuestros no saben como hacerlo y de nosotros y nuestro ejemplo, aprenderán.

Podemos llamar a los implicados en el pleito y hacer que hablen y se ofrezcan disculpas y que cada uno perdone a los demás, de preferencia de forma alegre y optimista.

Es lógico que al principio no sea así, pero poco a poco debemos lograr que nuestros hijos sean más dóciles a ofrecer disculpas y a otorgar el perdón.

SEGUNDO. La comprensión y la paciencia deben regir nuestra vida familiar.
Es importante que en esta dinámica de estar todo el tiempo en casa, y siempre, podamos ponernos en los zapatos de los otros y hacer empatía.



Sentir con el otro es una herramienta muy buena para tratar de comprender como se sienten y proveer actitudes y soluciones a estas actitudes.

Nosotros debemos ser muy pacientes y debemos educar a nuestros hijos para que también lo sean ya que solo así podremos pasar por alto los defectos de los demás que, dicho sea de paso, en tiempos de crisis se acentúan y son mucho más notorios que cuando llevamos nuestro ritmo de vida normal.

TERCERO. Debemos tener tiempo familiar y tiempo personal.
Es importante darle tiempo personal a cada miembro de la familia, aunque nuestra casa sea pequeña, es sano que tengamos tiempos de convivencia familiar y tiempos para que cada quien haga sus proyectos, lea, juegue o descanse.

Podemos para esto, hacer un horario familiar marcando los tiempos de convivencia familiar y dejando abiertos los tiempos personales para que cada uno, dependiendo de su edad y madurez, decida que hacer.

Si nuestros hijos son pequeños, podemos ayudarles a que tengan tiempos para jugar y que puedan descansar de sus hermanos.

CUARTO. Pongamos reglas básicas de comportamiento familiar.
Cuando hay mucha confianza, es muy fácil que se pase de una sana convivencia a un abuso, con el pretexto de que estamos jugando o bromeando.

Por esto debemos establecer reglas básicas para la sana convivencia familiar. Es bueno ponerlas en un papel, a la vista de todos, para que no las olvidemos y para consultarlas en caso de tener duda.

Y QUINTO. Que aprendan a ofrecer todo.
A pesar de que la convivencia familiar y las relaciones interpersonales son un arte, es necesario que sepamos ofrecer las injusticias, las faltas de caridad, las incongruencias, y lo que nos lastima.

De esta forma hacemos que todo valga la pena, que sea fructífero y que contribuya para que las cosas en familia sean mejores.

Con decirle a Dios que le ofrecemos todo lo que hacemos y vivimos en el día es más que suficiente.

El tomará todo y lo hará dar frutos para nuestra familia y para mejorar las circunstancias que nos están tocando vivir.

Si queremos hacer más completa esta actividad, podemos poner un recipiente para que nuestros hijos pongan una cuenta o un papelito cada vez que ofrezcan algo, así cuando podamos asistir al templo a misa presencial, podremos llevarlo y ponerlo a los pies del altar.







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