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Su padre Abraham se regocijaba con el pensamiento de verme
Meditación al Evangelio 2 de abril de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



De repente me asaltó un mal pensamiento ¿Qué pueden significar para los jóvenes de hoy las promesas hechas a Abraham? La posesión de una tierra para cultivar ha quedado entre los viejos anhelos de los abuelos y ahora los jóvenes huyen del campo, a no ser que puedan convertirse en grandes terratenientes, pero no la tierra como fuente de alimento para el autoconsumo ni el apego a un territorio.

El ser padre de un gran pueblo no se le antoja a nadie. Al preguntarle a un grupo de jóvenes cuántos hijos desearían tener en su matrimonio, responden con susto y sobresalto que ya lo pensaran más tarde, que la vida ahora es muy difícil, que no vale la pena traer al mundo seres a sufrir... Pero más que nada se mira a los hijos como esclavitud, limitaciones y responsabilidad.

Aunque después nos los encontramos asustados y quejumbrosos porque están a punto de ser papás por descuido o por placer la más de las veces y no por generosidad o por verdadero amor. Hay quien desea tener un hijo pero como compañía para su vejez, para realizarse en su vida,  pero no quiere responsabilidades. Se ha perdido el amor a la vida, a la tierra, a los ideales... Ya sé que también hay jóvenes con ideales pero es difícil que se sostengan en un mundo de comercialización, de hedonismo y de placer. Que difícil entender la decisión de Abraham de dejar sus comodidades con la ilusión de una tierra y de una descendencia.

Es más cómodo permanecer en nuestra burbuja de comodidad, de individualismo y de egoísmo. Cuando Cristo hace alusión a Abraham lo recuerda por su fe, por su idealismo y por  su deseo de un mundo nuevo. Estoy convencido de que Cristo hoy también tiene palabras que pueden despertar en los jóvenes a un nuevo amor por la vida, por la fraternidad, por la construcción de un mundo nuevo. Entiéndaseme bien: no pretendo que las jóvenes parejas procreen irresponsablemente un gran número de hijos, sino que en su corazón despierten el amor a la vida, la posibilidad de la generosidad y la seguridad de que se puede construir un mundo nuevo al estilo de Jesús.







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