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Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo
Meditación al Evangelio 9 de diciembre de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Aunque normalmente celebramos la fiesta de la Inmaculada Concepción el día 8 de diciembre, este año por ser domingo de Adviento, se traslada para el lunes siguiente, hoy mismo, aunque quizás ya en muchas de nuestras parroquias se haya celebrado el día de ayer, hoy tenemos la oportunidad de reflexionar sobre este gran acontecimiento.

El Adviento, que de por sí tendría un sentido más austero y penitencial, está interrumpido y alimentado con diversas fiestas sobre todo de la Virgen María que lejos de quitarnos ese sentido de preparación, nos ayudan a vivirlo de una manera gozosa, en la espera inquieta de quien recibe al Salvador.

Hoy celebramos la fiesta de la Inmaculada Concepción, una fiesta que nos sitúa en el camino difícil de la lucha entre el bien y el mal, y la elección sabia que todo hombre debe hacer. La primera lectura del Génesis nos pone en el marco de herida que nos ocasiona todo pecado al mostrarnos el primer pecado del hombre y nos descubre la base de todo pecado, la ambición del hombre y el deseo de hacerse dios, y las consecuencias perjudiciales y negativas que le ocasiona.

Todo hombre lleva en su interior esta difícil lucha y todo hombre debe a cada momento ponerse humildemente en la presencia de Dios. Se corre el riesgo de perder la esperanza descubriendo el enorme poder del mal en nuestro mundo y aún en nuestro interior. La fiesta de la Inmaculada Concepción nos da una sólida esperanza de que podemos vencer en esta lucha. María fue preservada del pecado, en virtud de la Resurrección de Jesús, y así también nosotros, aunque hemos vivido en el pecado, tenemos la seguridad que podremos superarlo y vencerlo gracias al triunfo de Jesús. Las palabras de consuelo del ángel a María, podrían también ser para nosotros: “No teman”.

Nuestra seguridad de vencer este temor no se basa en los propios méritos o fortalezas, sino en el gran amor y el gran poder del Señor Jesús. No son invitación a quedarnos cruzados de brazos mientras Él vence al mal, sino una invitación a un esfuerzo solidario para hacer triunfar el bien. Así mientras alabamos a María por su inmaculada concepción, nos comprometemos a una lucha firme contra todas las manifestaciones de una cultura de pecado y de muerte. No temas porque el Señor está contigo.





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