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La “verdad absoluta”, la tenemos
Las palabras de Jesús, respaldadas por sus hechos, son “verdad absoluta”.


Por: Salvador I. Reding Vidaña | Fuente: Catholic.net



Una frase común cuando se discuten opiniones, posiciones ideológicas y diversos temas, es la de que “nadie tiene la verdad absoluta”. También aparece la frase cuando se discute de historia y de vida política, y en especial discutiendo asuntos de doctrina, con la intención de implicar una duda obligatoria.

El alegado relativismo de la verdad, permite a muchos suponer un derecho a poner en duda argumentos ajenos, contrarios a los suyos. Se trata de interpretación de datos, dichos y hechos. Tratándose de este tipo de análisis, decir que nadie posee la verdad absoluta puede tener algo de verdad, pues el ver las mismas cosas de diverso ángulo u óptica nos da diferentes percepciones de un hecho o cosa. Como dijo Calderón de la Barca: “todo es según el color del cristal con que se mira”.

En el caso de la trayectoria histórica, y pasado algún tiempo, se dice que de las guerras la historia la escriben los triunfadores, y en eso hay mucho de cierto. Cuando se trata de dichos de personalidades o hasta de miembros de un mismo grupo o familia, de lo cual no existe registro alguno, también se alegan diferentes versiones “de la verdad de los hechos”. Hasta aquí, la verdad es cuestión de interpretaciones o versiones, sobre todo cuando son de segunda o tercera mano.

También aplica a interpretaciones científicas, por ejemplo, en donde se dan diferentes hipótesis sobre cuestiones discutibles. Y allí también resulta que en lenguaje casero “cada quien tiene su verdad”. Pero todo esto es una manipulación lingüística, ya que NO es la verdad, es la suposición, la creencia, la convicción. Y cuando se habla de verdades a medias, no se trata de medias verdades, sino de mezcla de verdad y falsedad.

Hay otro mundo en donde la verdad es única, y lo que cambia es la aceptación, negación o duda personal sobre la misma. La “verdad” sobre la existencia de Dios, por ejemplo, lo es, y es “única y absoluta”, les guste o no a las personas. Quienes niegan la existencia de la Divinidad creadora, no tienen otra verdad; no, tienen otra opinión, que es diferente. Porque la verdad no es cuestión de opiniones, o es o no es.



Cuando Tomás preguntó a Jesús sobre “el camino” que debían seguir, Él respondió: “yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn.14:6). Como Dios que era, podía afirmarlo y nosotros repetirlo como la verdad absoluta. Y enseguida, respondiendo a Felipe, también les dijo “Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras.” (Jn. 14:10-11). Así, las palabras de Jesús, respaldadas por sus hechos, son “verdad absoluta”.

¿A dónde nos lleva esto? A que, en una discusión sobre Dios, sobre el Dios hecho hombre, sobre religión, quienes quieren imponernos el supuesto derecho a la duda, nos debe resultar inadmisible que nos digan que, como ellos, la contraparte, tienen otra versión, debemos aceptar que “nadie tiene la verdad absoluta”, y que nuestra doctrina es relativa, tanto como la suya.

No; los cristianos y nuestra Iglesia, en materia de fe, sí tenemos la verdad absoluta, y nunca debemos siquiera, aún por presunta cortesía, permitir que se diga que no la tenemos, o que probablemente no se tiene, que hay verdades alternas.

Podremos admitir en otros planos que podríamos equivocarnos, por falta de datos, digamos, que algún hecho histórico o científico puede tener diferentes interpretaciones, como cuando decimos: ¿Qué es lo que realmente pasó o sucede? Pero cuidado con el uso del lenguaje: no se trata necesariamente de la verdad, sino de la opinión o visión de lo discutido.

¿Qué existe Dios? Sí. ¿Qué hay una Trinidad divina? Sí. ¿Qué Jesús es el mesías, el hijo de Dios hecho hombre? Sí. ¿Qué si la narración evangélica es verdadera? Si. ¿Qué si Dios ha hablado por medio de sus profetas? Si. ¿Qué si existe una verdadera vida después de la esta vida terrena, a la cual resucitaremos todos? Sí. Todo eso, y mucho, pero mucho más, son partes de una verdad absoluta, de la cual los buenos cristianos somos poseedores, la tiene nuestra Iglesia.



En materia de religión, de cuestiones de Fe, siempre, pero siempre debemos partir de la convicción de que los cristianos, creyendo en la Palabra de Dios, tenemos la “verdad absoluta”. Sin duda alguna. No nos dejemos amedrentar con la pantomima de que “nadie tiene la verdad absoluta”. Sí, ella existe, y es nuestra, y hay que defenderla, sin aceptar duda alguna que nos quieran imponer.

Volvamos sobre el dicho de Jesús ante sus discípulos, y es que Él, además de ser el camino y la vida, es la Verdad… y lo es absoluta.





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