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El matrimonio es un acto de amor indisoluble
En el capítulo 19 de Mateo, versículos 3 al 12, se expresan los fines del sacramento del matrimonio, entre los que destacan el fin unitivo y la complementariedad.


Por: Padre José Luis Bautista González | Fuente: yoinfluyo.com



El matrimonio es un acto de amor indisoluble

En días pasados, en la liturgia del viernes de la Semana 19 del Tiempo Ordinario año par, se leyó el capítulo 19 de Mateo, versículos 3 al 12, que precisamente es el basamento que utiliza el Papa Pio XI en la Casti Connubi, el Papa Juan Pablo II en la Familiaris Consortio y el Papa Francisco en Amores Laetitia, sobre los dos fines del sacramento del matrimonio.

16 AGOSTO 2016. El contexto es que unos fariseos que interpretan rígidamente la ley le preguntan a Jesús si un hombre puede por cualquier motivo “despachar” a la mujer, dar el acta de divorcio, y Jesús responde desde la misma ley, bajo la apreciación que hace el Génesis: Desde un principio Dios los hizo hombre y mujer. Entonces, se entiende que desde la ley natural, que es participación de la ley interna, la constitución biológica, distinta, XX y XY se unen precisamente en un acto de amor, fin unitivo, hombre y mujer, no más.

Lo demás, lamentablemente, son pasiones desbordantes que hay en el corazón del hombre y que tristemente en estos países que son presa fácil de las políticas internacionales, de la ONU, de las cumbres de Copenhague, del Cairo y de Pekín, han hecho estragos en América Latina, como lo hemos visto últimamente en Argentina, en Colombia y aquí en México.

Pero, ¿cuál es el segundo fin del matrimonio?, porque hay diferencia en el cuerpo del hombre y la mujer, pero hay complementariedad. El segundo fin, es el fin procreativo. Pero también dice nuestro señor Jesucristo esto: por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola cosa. Aquí se ven las dos propiedades del matrimonio: el matrimonio es monogámico, aquí no se acepta la poliandría. Pero claro en el matrimonio monogámico el hombre y la mujer en su inteligencia y voluntad respetando su libertad lo acepta total y libremente, pero también como dice la sentencia de Jesús: lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Por lo tanto, podemos inferir que aquí esta la segunda propiedad del matrimonio: la indisolubilidad, si no hubiera una causal para declarar nulo de raíz el matrimonio, el matrimonio es totalmente válido.



Pero al final, hay una sentencia: yo les declaro que si alguien deja a su mujer, salvo que viva en unión ilegítima, comete adulterio y expone a la mujer a cometer adulterio. Hay una excepción, que es la unión ilegítima, aquel hombre y mujer que no han recibido la unión sacramental. Pero si el hombre y la mujer están casados por la iglesia, el segundo matrimonio será adulterio.  

Fue triste que el día siguiente de la publicación de Amores Laetitia el 20 de marzo de este año, algunos comunicadores nacionales y algunos periódicos, hayan declarado: el Papa Francisco permite que los adúlteros comulguen ¡no hay peor mentira que eso!  Ni un concilio ecuménico, ni el Papa puede cambiar la legislación que Jesús pronunció en su vida terrena  porque entonces ¿cómo se salvaguardaría la validez del matrimonio?  Porque si  una persona, sin que se declare nulo su primer matrimonio pueda comulgar, entonces no tendría sentido casarse por la iglesia.  Y dónde quedaría también la ley que menciona Pablo en la primera carta a los Corintios capítulo 11, versículos 23 al 26 cuando dice: hay quienes comen el cuerpo de Cristo para su salvación  y hay quienes comen el cuerpo de Cristo para su condenación.

Finalmente, cuando el Papa estuvo en México, unos divorciados vueltos a casar dijeron: aunque no podemos acceder a los sacramentos, podemos acceder a la demás riqueza de la iglesia.

Salvaguardemos el matrimonio.

 









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