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Homilía del 11 de diciembre de 2015, Misa Pro Vida y Víspera de la Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe
Misa Pro Vida y Víspera de la Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe


Por: Arquidiocesis de Chicago | Fuente: Arquidiocesis de Chicago



Homilía del 11 de diciembre de 2015, Misa Pro Vida y Víspera de la Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe

Todas las Américas celebran ya desde hoy la Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe y pongo énfasis al decir todas las Américas, porque si miramos la historia, si miramos las lenguas, si miramos la economía, no cabe duda de que hay enormes diferencias en todo el continente Americano, y la división más notoria es primeramente el lenguaje, de México hasta Argentina y Chile se habla español, en Brasil que es un país demasiado extenso se habla el portugués, también, en centro y Sudamérica, en países como Belice y la Guyana se habla el Inglés. Y en el lado Norte del continente se habla inglés y francés.

En Nuestro continente también encontramos sistemas económicos y culturales bien distintos, tenemos el fenómeno de muchas personas que entran sin documentos sobre todo a Estados Unidos, y tenemos resistencias raciales y étnicas que intentan frenar ese fenómeno, hay violencia y persecución contra los migrantes en tránsito, sobre todo en el lado mexicano de la frontera con Estados Unidos.

Aunque no hay una guerra declarada, hay que reconocer que hay enormes divisiones, que hay tanta violencia, que hay tantas muertes en la mayoría de los países de nuestro continente.

Tenemos el fenómeno del narcotráfico que busca posicionarse mayormente en los mercados de Estados Unidos. Desde Colombia, Venezuela, Uruguay, Paraguay y México, desde donde se producen grandes cantidades de drogas, hay una terrible sombra de muerte y de violencia. Muchos desaparecidos, muchos muertos, muchos torturados, hay gobiernos corrompidos.



En países como Argentina y Chile donde no se produce droga, el secuestro de jovencitas y la trata de blancas están a la orden del día.

En países como Venezuela y Cuba se vive la opresión por parte de los gobiernos dictatoriales que tienen sumida a la población en la pobreza y el temor y en nuestro vecino del sur la corrupción gubernamental ha alcanzado límites inimaginables.

En Centroamérica hay una pobreza y una violencia extremas. La Mara Salvatrucha ha desolado pueblos enteros y truncado el futuro de muchos jóvenes y niños que día con día son reclutados para seguir sembrando violencia y muerte.

Aquí en Estados Unidos vivimos en una sociedad cuyo afán es consumir y consumir tantos productos que aunque innecesarios, nuestra cultura consumista los ha convertido en indispensables.

Todos nosotros, sin excepción, hemos sido testigos de la violencia que existe en contra de los más vulnerables, y de una manera tan horrenda y grotesca como lo es el aborto. En los últimos meses nos hemos dado cuenta como Planned Parenthood, la mayor institución pro aborto en Estados Unidos se ha convertido en una carnicería que vende tejidos de fetos a laboratorios e instituciones que realizan experimentos médicos. Imagínense, en el año 2014 plan parenthood practico 327,000 abortos en sus 700 clínicas, al cerrar sus cuentas obtuvieron ganancias de aproximadamente 1300 millones de dólares de los cuales aproximadamente la cuarta parte provino de los impuestos que nosotros pagamos, y esos 700 centros de que ofrecen abortos, se encuentran localizados mayormente en los barrios de gente pobre, cercanos a universidades, cercanos a la población joven y vulnerable.



Todo esto que les he mencionado es solamente la punta del iceberg, cada uno de nosotros, aquí en Estados Unidos y en nuestros países de origen hemos visto como la humanidad se degrada y como la vida humana ha perdido su valor fundamental. Cada uno de nosotros hemos experimentado en nuestro entorno la cultura de la muerte, esa nueva forma de pensar que en el fondo nos lleva a tener miedo a morir, al punto de que creyendo que nuestra vida terminará en el sepulcro concentramos todos nuestros esfuerzos para obtenerlo todo, todo el dinero, todo el placer, todo el poder, todo el prestigio, y si es preciso, a costa de la vida de nuestros hermanos, a costa de la paz de naciones enteras, a costa de las vidas de pueblos enteros, todo esto para que nosotros podamos tenerlo todo en abundancia. La cultura de la muerte perfectamente se acomodaría a la expresión irónica de San Pablo a los Corintios “Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos que mañana moriremos” (1 Cor 1:32). Vivimos como si los muertos no resucitaran, esa es la cultura de la muerte. 

La vida humana está en peligro, la dignidad de cada persona está sujeta a intereses mezquinos, la vida humana corre el peligro de convertirse en un eslabón más en la cadena de producción.

En esta parte del mundo marcada por tantas divisiones en que hacen falta tantos puentes, no podemos negar que prácticamente los puentes que nos unen, en términos de valores, en términos de fe y en términos de afecto, todos tienen que ver con el cristianismo. Si hay valores comunes entre Estados Unidos, Canadá y todos los países de habla española, es porque detrás de esa cultura Americana, así sea a través de la mediación del protestantismo, hay un núcleo básico que proviene de la Biblia, que proviene de Cristo y que proviene del Nuevo Testamento y lo mismo sucede del Rio Bravo hacia el Sur.

Si miramos en términos de cultura, vemos que a pesar de la diversidad, se puede considerar dentro de una misma familia cultural a todo el continente Americano, y la razón es que todos los países europeos que llegaron a esta parte del mundo y que finalmente vencieron y establecieron sus colonias, bebieron de las mismas fuentes, de la filosofía griega, del derecho romano y sobre todo, de la fe cristiana,

Si miramos en términos de afecto, la religión tiene un lugar fundamental y sobre todo a través de Nuestra Señora de Guadalupe. Es hermoso y es impresionante para quienes hemos tenido por bondad de Dios la oportunidad de verlo con nuestros propios ojos, encontrar nichos, capillas imágenes, estatuas que recuerdan la bondad de nuestra Señora de Guadalupe, desde el norte de Canadá hasta el sur en Argentina y en Chile.

En México, me ha tocado encontrar que hasta en los hogares de familias cristianas no católicas, se venera la Imagen de María de Guadalupe.

¿Cómo no captar la lección que está en esto? ¿cómo no descubrir que es en torno a Jesús y a María, cómo podemos verdaderamente llegar a ser una humanidad unida, una humanidad que va más allá de los intereses políticos y económicos, una humanidad que va más allá de las circunstancias históricas?

Es solamente en torno a Jesús y a María y especialmente bajo la advocación de María de Guadalupe, que podemos devolverle al ser humano la dignidad que nuestro mundo trata de arrebatarle, a través de Santa María de Guadalupe podemos devolverle a la humanidad dividida el derecho a la vida, a la vida en sí misma y el derecho a la vida digna de hijos de esa misma Madre que un día le dijo al indio Juan Diego, “Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño... No se turbe tu corazón, no temas... ¿Acaso no estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo?… ”

En esta noche, en la que en torno al altar de Dios y bajo la mirada protectora de Nuestra Señora recordamos que hace poco menos de 500 años apareció en el cerro del Tepeyac bajo la advocación de nuestra Señora de Guadalupe, para dar consuelo al pueblo que después de haber vivido los horrores de las múltiples guerras y de los sacrificios humanos a sus dioses se encontraron con la opresión de un pueblo extranjero que vino a despojarlos de toda dignidad, hemos venido a proclamar no solo el derecho a la vida, sino también el derecho a una vida digna desde la procreación en el vientre de la madre hasta la muerte natural.

Como muy bien lo dice nuestro querido arzobispo Blase Cupich, “Aunque [el aborto] y el  comercio de las partes de los cuerpos de niños abortados es particularmente repulsivo, nosotros no debemos ser indiferentes hacia los miles de personas que mueren a diario a causa de la falta de un cuidado médico decente, no podemos ser indiferentes hacia aquellos a los que les han sido negados sus derechos en un sistema con un sistema de inmigración injusto y a causa del racismo, no podemos permanecer indiferentes  ante los que sufren hambre, ante los que no tienen trabajo, ante los que viven la violencia en nuestros barrios y vecindarios y de aquellos que son ejecutados por el estado en nombre de la justicia”.

No solo venimos a reclamar y a llorar a los pies de la Morenita por tantas vidas que a diario son destruidas en el vientre de su madre, sino también venimos a proclamar la dignidad y los derechos de todas esas vidas que a diario se pierden en la frontera de México con Estados Unidos, de todas esas vidas de nuestros pequeños que son reclutados para convertirlos en sicarios, de todas esas vidas de las jovencitas que a diario son explotadas y abusadas sexualmente, de todas esas vidas que se pierden gracias al narcotráfico, de todas esas vidas destruidas en nuestros barrios a causa de la drogadicción y la violencia, de todas esas vidas cuyo desarrollo se ha visto frenado gracias al racismo y a la indiferencia.

Venimos animados en la esperanza de aquella mujer embarazada y de tés morena que se apareció en el Cerro del Tepeyac, no solo protegiendo y cuidando el producto de su vientre sino que también vino a defender y a proclamar la dignidad de la vida del pueblo indígena que sufría la opresión. Caminamos de la mano de esa mujer que en cada momento de nuestra vida, y especialmente en los momentos más difíciles nos habla con las mismas palabras con las que hablo al indio Juan Diego, “No se turbe tu corazón, no temas esa ni ninguna otra enfermedad o angustia.

María Santísima de Guadalupe camina junto a nosotros para recordarnos con su amor y con su presencia permanente que todos, absolutamente todos somos objetos de la misma misericordia de Dios y que estamos llamados a pertenecer a la misma familia

Que su ejemplo nos lleve a una perfecta docilidad, que su amor nos lleve a una perfecta fe y que su amor nos haga dóciles discípulos que un día puedan dar testimonio de amor y fidelidad y de fuerte compromiso con la vida y con la dignidad de los más pequeños.

Terminamos nuestra homilía con esa hermosa jaculatoria,

“Mi corazón en amarte eternamente se ocupe” (todos respondemos juntos lo siguiente) “y mi lengua en alabarte Madre mía de Guadalupe”.







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