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Colaboración entre la Iglesia y la sociedad
Este servicio recíproco de la Iglesia y de la sociedad se lleva a cabo principalmente a través de la misión específica de los laicos


Por: Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes | Fuente: www.vatican.va



En su misión en el mundo, la Iglesia, por una parte, “ofrece a la humanidad una cooperación sincera para establecer una fraternidad universal”[42] que contribuya a alcanzar las metas que se avienen con la dignidad humana; mientras, por otra parte, está “persuadida de que en muchos y muy diversos modos en la preparación del evangelio puede ser ayudada por parte del mundo, de sus cualidades y de su actividad”[43].

Este servicio recíproco de la Iglesia y de la sociedad se lleva a cabo principalmente a través de la misión específica de los laicos. Por esto, la pastoral del turismo debe instaurar y alentar una colaboración con las administraciones públicas, las organizaciones profesionales y otras asociaciones que actúan en el mundo del turismo, para que se pueda dar a conocer la visión cristiana del turismo y desarrollar “la posibilidad implícita de un nuevo humanismo”[44] presente en él.

Guiada por este principio, la Santa Sede mantiene una Misión de Observación Permanente ante la Organización Mundial del Turismo. Desde 1980, esta Organización viene promoviendo la Jornada Mundial del Turismo, que se celebra el 27 de septiembre de cada año, y en 1999 ha adoptado el Código Ético Mundial del Turismo. La Iglesia, por su parte, se une a la celebración de dicha Jornada, inspirándole un sentido espiritual con el Mensaje del Papa. Comparte, asimismo, los principios que inspiran el Código mencionado.

En una línea de actuación similar, las Conferencias Episcopales y los Obispos mantengan un diálogo permanente con las administraciones públicas, nacionales y locales, con los entes de promoción turística y con las asociaciones de operadores y trabajadores, para que la colaboración de la Iglesia en la construcción de un mundo más justo, más pacífico y más solidario se traduzca en acciones concretas.

De igual forma deberá procurarse en todos los ámbitos una colaboración estrecha con aquellas asociaciones que luchan contra las situaciones que dañan la dignidad humana y en las que el turismo tiene alguna responsabilidad, como son el denominado “turismo sexual”, la drogadicción, la destrucción del medioambiente, la erosión de la identidad cultural, la destrucción del patrimonio. El cristiano tiene el deber de denunciar estas graves situaciones y hacer cuanto esté de su parte para abolirlas.



 

Notas

[42]Conc. Ecum. Vaticano II, Cost. past.Gaudium et spes, 3.

[43]Ibíd., 40.







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